El Hijo Pródigo

La voz del Pastor 

Primer Servicio de adoración y alabanza 

Iglesia Peña de Horeb 

Pastor Benjamín Caldera 

Prédica: El Hijo Pródigo

Lucas 15:11-32

(Comunicación y audiovisuales)


El predicador comienza diciendo "En el corazón de la enseñanza de Jesús, el apóstol Lucas nos lega una de las parábolas más conmovedoras y significativas: la del hijo pródigo. No es simplemente una historia; es un hecho intemporal que desnuda la condición humana, la profundidad del amor paternal y la gracia inagotable de Dios.

La Partida Audaz y la Búsqueda Vacía
Imagina a un joven, el menor de dos hermanos, lleno de impaciencia y un deseo ardiente de independencia. No quería esperar la herencia; la exigió, como si la vida de su padre fuera un estorbo para sus anhelos. "Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde," demandó. Y el padre, en un acto de amor incomprensible, aunque doloroso, accedió. El camino estaba abierto, y el joven partió hacia una "provincia apartada," un lugar donde creyó encontrar la libertad y la felicidad".


Señala el pastor "Allí, con la fortuna en sus manos y la juventud como aliada, se entregó a una vida de desenfreno. "Malbarató sus bienes viviendo perdidamente," nos dice Lucas. Las fiestas, los placeres fugaces, las compañías superficiales… todo lo que prometía satisfacción se fue disolviendo como arena entre los dedos. El brillo inicial se opacó, y lo que parecía una fuente inagotable de alegría se convirtió en un pozo de miseria.


La historia de su desgracia se agudiza con una gran hambruna que azotó aquella tierra. El joven, sin recursos y sin amigos, se vio obligado a buscar trabajo en la labor más denigrante para un judío: apacentar cerdos. La humillación era insoportable. Anhelaba incluso la comida que comían los cerdos, pero "nadie le daba." Era el punto más bajo, el abismo de la desesperación, donde el hambre física se unía a un hambre espiritual mucho más profunda.


Nos dice el pastor Benjamín, "El Regreso Anhelado y el Abrazo Inesperado
fue en ese momento de desolación, al tocar fondo, cuando "volvió en sí." La miseria lo confrontó con la verdad de su situación y la bondad que había dejado atrás. Recordó la casa de su padre, donde hasta los siervos tenían abundancia. "Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros." No pedía ser restaurado como hijo; solo anhelaba un lugar, cualquier lugar, lejos de la inmundicia y el vacío.


"El viaje de regreso fue, sin duda, un camino de humillación y arrepentimiento. Cada paso debía ser una batalla contra el orgullo y la vergüenza. Pero lo que encontró al final del camino superó toda expectativa. El padre, lejos de estar resentido o enojado, lo estaba esperando. Cada día, quizás, miraba el horizonte con la esperanza de verlo regresar. Y cuando "aún estaba lejos, su padre lo vio y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y lo besó."


Se pueden imaginar dice el pastor, la carrera del padre, la prontitud de su perdón, la manifestación de un amor que trasciende la ofensa. El hijo intentó recitar su confesión y su súplica de siervo, pero el padre lo interrumpió con órdenes de fiesta: "Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado."



La Sombra de la Incomprensión y la Gracia del Padre:
No sé pueden imaginar dice el predicador "La alegría del padre, sin embargo, contrastó con la reacción del hermano mayor. Lucas no evade la realidad de la envidia y el resentimiento. El hijo mayor, que siempre había sido obediente y trabajador, no pudo comprender la celebración. Se negó a entrar a la casa, sintiéndose agraviado por la preferencia que su padre parecía mostrar por el pródigo.
El padre, nuevamente, sale. Esta vez, a su hijo mayor, para explicarle la profundidad de su amor y la lógica del gozo divino. "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado." Es una lección para el hermano mayor, y para nosotros, de que la gracia de Dios no se basa en el mérito, sino en su infinito amor. La celebración no era por la vida disipada del hijo, sino por su arrepentimiento y su regreso a la vida.

El pastor nos afirma que "La parábola del hijo pródigo es una historia viva del arrepentimiento, el perdón y la restauración. Nos revela a un Padre celestial que espera, que corre a nuestro encuentro, que nos abraza antes de que podamos terminar nuestra confesión. Es una invitación a todos los que se han alejado, a los que han desperdiciado su herencia espiritual, a volver a casa. La puerta siempre está abierta, y la fiesta de bienvenida está lista. ¿Estás listo para volver? Amén. (CNP 19920)









Dios les bendiga. 

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