El amor de Dios manifestado en Jesús
El Amor de Dios Perfecciona Nuestro Amor: Una Predicación Basada en 1 Juan 4:16-21
La Pastoral Hombres de Pacto como todos los lunes trae un estudio para el aprendizaje de la Palabra y el compatir de conocimientos, en esta oportunidad el hermano Gregorio se adentra en la carta de 1 de Juan y nos trae "El amor de Dios se manifiesta en Jesús, una profunda reflexión que nos muestra el verdadero amor que Dios nos envía aa través de su hijo Jesús.
¡Hermanos en Cristo! Es un privilegio compartir con ustedes la Palabra de Dios hoy, y nos enfocaremos en un pasaje que nos habla directamente al corazón: 1 Juan 4:16-21. En estos versículos, el apóstol Juan nos revela una verdad profunda y transformadora: Dios es amor, y este amor debe ser el cimiento de nuestra fe y nuestras relaciones.
El versículo 16 comienza con una declaración audaz: "Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él". ¡Qué verdad tan poderosa! No se trata solo de saber que Dios ama, sino de conocer y creer en Su amor. Este conocimiento no es meramente intelectual, sino una experiencia profunda que transforma nuestra vida. Cuando permanecemos en amor, permanecemos en Dios. Esto significa que nuestra vida, nuestras acciones y nuestras actitudes deben reflejar el amor de Dios.
La Confianza en el Día del Juicio
Juan continúa en el versículo 17: "En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos también nosotros en este mundo". Exclama el hermano Gregorio, ¡Qué consuelo! El amor de Dios en nosotros nos da confianza frente al futuro, incluso ante el día del juicio. No tenemos que temer, porque el amor perfecto de Dios expulsa el temor. Y la razón es simple: porque así como Él es, así somos nosotros en este mundo. Hemos sido transformados a Su imagen, y Su amor vive en nosotros.
El Amor Perfecto Expulsa el Temor
Continúa el hermano diciendo, "El versículo 18 lo reafirma con claridad meridiana: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor". Continúa el hermano, "Si todavía vivimos con miedo, con ansiedad, con preocupación constante, Juan nos está diciendo que quizás nuestro amor por Dios no ha alcanzado su plenitud. El amor verdadero, el amor de Dios, expulsa el temor. No se puede temer y amar perfectamente al mismo tiempo. El temor es el resultado de la inseguridad, de la duda, de la falta de confianza en el amor de Dios. Pero cuando el amor de Dios inunda nuestro corazón, el temor no tiene cabida.
Amar a Dios y Amar al Prójimo
Nos dice el hermano Gregorio: "Y ahora, Juan nos lleva a la aplicación práctica de esta verdad. Versículos 19-21: "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso; pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano".
Continúa con énfasis en su estudio, "Esta es la piedra angular de todo. Amamos a Dios no porque seamos dignos, sino porque Él nos amó primero. Este es el evangelio en su esencia: el amor de Dios es iniciador, es un don, es incondicional. Y de este amor surge una responsabilidad ineludible: si decimos que amamos a Dios, ¡debemos amar a nuestro prójimo! Juan no deja lugar a dudas: si aborrecemos a nuestro hermano, nuestra declaración de amor a Dios es una mentira. ¿Cómo podemos amar a un Dios invisible si no podemos amar a aquellos a quienes vemos, con quienes interactuamos, con quienes compartimos la vida?
El mandamiento es claro dice Gregorio: si amas a Dios, ama también a tu hermano. Esto no es una opción, es una consecuencia inevitable del verdadero amor por Dios. Este amor se manifiesta en perdón, en compasión, en servicio, en paciencia.
Para finalizar el hermano Gregorio nos dice: "Amados hermanos, el mensaje de hoy es un llamado a la reflexión y a la acción. Que el amor de Dios no sea solo una doctrina para nosotros, sino una realidad viva que nos impulse a amarle a Él con todo nuestro ser y a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Que el perfecto amor de Dios en nuestros corazones expulse todo temor, y que nuestras vidas sean un testimonio vibrante de Su inmenso amor.
¿Estamos permitiendo que el amor de Dios nos perfeccione? ¿Hay áreas en nuestra vida donde el temor aún domina, o donde el amor por nuestro prójimo es deficiente? Que hoy sea el día en que nos rindamos plenamente al amor de Dios, permitiendo que Él nos transforme y nos capacite para amar como Él ama. ¡Amén! Dios les bendiga.
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