La sumisión del Jardín
" La sumisión del Jardín y el triunfo de la Cruz en siete palabras"
Marcos 14:35 y 15:21-40
(Comunicación y Audiovisuales)
En el silencio sombrío de Getsemaní, somos testigos de la lucha agonica
de Jesús, su humanidad clamando ante la inminente prueba.
de Jesús, su humanidad clamando ante la inminente prueba.
El pastor Benjamín Caldera en su predicación dominical en la iglesia Peña de Horeb. (Foto: Marioman)
Allí, en la humillación de la oración ferviente, se revela una sumisión voluntaria al plan divino, un acto de amor que allana el camino hacia el Golgota.
Luego, nuestros ojos se elevan al madero, dónde cada una de las siete palabras pronunciadas en medio del dolor punzante resuena con una fuerza redentora. En esas últimas expresiones, no encontramos derrota, sino el triunfo supremo del amor que se entrega por completo.
Imposición de manos por parte del Pastor Benjamín Caldera (Marioman)
Hoy, exploraremos cómo la sumisión en el jardín fue el preludio necesario para la victoria en la cruz, y como las siete palabras nos ofrecen una ventana al corazón de un amor que vence al pecado y a la muerte.
Luego de la lectura bíblica el pastor Benjamín Caldera nos explica con sabías palabras la predicación y nos dice, "Realmente el preámbulo que se aseguró el triunfo de la Cruz, la Resurrección y la Salvación de la humanidad fue la obediencia y sumisión de Jesús en Getsemaní. Que no se haga mi voluntad sino la tuya Padre, permitió que en la Cruz expresara las siete palabras.
La Grey orando y alabando a Dios (Marioman)
"Padre perdonarlos porque no saben lo que hacen" (Luc. 23:34)
"Un grito de perdón que desgarró el silencio en medio de la injusticia, -continúa su predicación el pastor-, más cruel, su corazón, se entendía en misericordia hacia sus verdugos, una lección eterna de amor incondicional."
La segunda palabra: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso " (Luc 23:43)
Continúa el pastor Benjamín: "Incluso en su propio sufrimiento, Jesús ofrecía consuelo y la certeza de la redención a aquel ladrón que reconoció su realeza*.
Luego Jesús con mirada de dolor dice: "Mujer, he ahí tu hijo", luego dijo al discípulo: "he ahí tu madre". (Luc 19:26-27).
Un acto de amor filial y humano, continúo su prédica el pastor: "encomendó a su madre al cuidado de su amado discípulo Juan, un gesto de ternura y responsabilidad en la hora de su partida".
La tercera palabra sería un clamor de abandono que resonó en la más profundo de su ser: "¡Dios mío, Dios mío!" ¿Porque me has desamparado? (Mat 27:46 y Mar 15:34), exclama el pastor: "Sintió la soledad del pecado, la aparente ausencia del Padre, una angustia que reflejaba la carga que soportaba por la humanidad".
Luego se escucharía una expresión de su humanidad sufriente: "Tengo sed" (Jn 19:28) "Una necesidad física en medio de la agonía espiritual, recordándonos su plena identificación con nuestra condición humana".
Más adelante señala el pastor la sexta palabra, un grito de victoria y cumplimiento: ¡Consumado es! (Jn 19:30)
"Su misión redentora, sigue el pastor, -llegaba a su fin, el sacrificio perfecto se había ofrecido, la puerta a la salvación se abría de par en par".
Finalmente, una entrega confiada a su Padre: "Padre en tus manos encomiendo mí espíritu". (Luc 23:46). Con la última exhalación, Jesús se entregó completamente a la voluntad divina, un ejemplo supremo de fé y confianza hasta el final."
El pastor Benjamín Caldera en sus palabras finales dice: "estás siete palabras son un testamento de amor, el sacrificio y la esperanza que emanan del corazón del mismo Cristo en su hora más oscura. Son un legado imborrable que sigue hablando a la humanidad, invitando a reflexionar sobre el profundo significado de su muerte y resurrección." Amén. (Mario Manzanares)
Así se alaba a Dios, con alegría en la iglesia Peña de Horeb. (Fotos. Marioman)
La Grey de la iglesia Peña de Horeb.












































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