La Oración y la Fe en Cristo: Un Poder que Trasciende Acarigua
Mario Manzanares
El aire caliente de Acarigua a menudo trae consigo ecos de conversaciones, risas y el bullicio cotidiano de una ciudad en movimiento. Pero hay otro sonido, a menudo más silencioso pero igualmente vibrante, que palpita en los corazones de muchos aquí: el susurro de la oración. En medio de las dificultades y las alegrías que tejen la vida en esta tierra llanera, la oración y la fe en Cristo emergen no como meras tradiciones, sino como fuentes genuinas de fortaleza y transformación.
La fe y la oración en Cristo sanan
Recuerdo a una hermana de rostro curtido por el sol y la sabiduría y su inseparable pareja. La conocí durante una de esas tantas jornadas de sanación en la iglesia Peña de Horeb. En lugar de sucumbir a la desesperanza, la hermana se aferraba a su Biblia, sus dedos marcando las páginas gastadas, y el pastor orando sin sesar no se alejaba de ella. Me contó de noches en vela clamando a Dios, de peticiones silenciosas que brotaban de lo más profundo de su ser. Y luego, con una serenidad que contrastaba con la dureza de su entorno, me hablaba de las respuestas, a veces pequeñas, a veces evidentes, que fortalecían su espíritu y le permitían seguir adelante.
Su testimonio no es único. En las reuniones de la iglesia local, en los encuentros familiares bajo la sombra de un mango, sean escuchado historias similares. Testimonios de sanidades inesperadas, de provisión milagrosa en momentos de necesidad, de paz que inunda el alma en medio de la tormenta. No se trata de negar la realidad de los desafíos, sino de encontrar en la fe una perspectiva que los trasciende.
Iglesia Peña de Horeb, casa de oración
Nos dice el pastor Junior, "la fe en Cristo, tal como la viven muchos en Acarigua, no es una fe pasiva. Es una fe activa, que impulsa a la acción, a la solidaridad, al servicio al prójimo. He visto, continua- cómo comunidades enteras se movilizan en oración por un enfermo, cómo se comparten los pocos recursos con aquellos que tienen menos, cómo la esperanza se renueva en el encuentro con la Palabra de Dios".
Claro, continúa el pastor Junior, "la fe no siempre trae respuestas inmediatas ni soluciones mágicas. Hay momentos de duda, de oscuridad, donde el silencio parece ser la única respuesta".
Pero incluso en esos momentos, la perseverancia en la oración se convierte en un ancla, un recordatorio de que no se está solo, de que hay una presencia constante que sostiene.
En este rincón de Venezuela, bajo el sol que nos abraza cada día, la oración y la fe en Cristo se manifiestan como un poder silencioso pero innegable. Un poder que fortalece el espíritu, fomenta la esperanza y transforma vidas, demostrando que, más allá de las circunstancias, existe una conexión profunda con lo divino que marca la diferencia. Y esa conexión, tejida con fe y alimentada por la oración, sigue resonando en los corazones de Acarigua, un testimonio vivo de su poder transformador.
La fe es vida en Cristo Jesús.


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